Anteayer, por la noche, tuve una visita inesperada e increíble. La hermana de la difunta señora Lempitska, señorita Sofía Andrósovich, apareció en mi apartamento.
-¿Alguien le ha comentado que sus picaportes desgarran las mangas y que su ojo izquierdo se rezaga con respecto al derecho? Eso significa, querido señor inspector superior -agregó la visitante arrellanándose en la poltrona más cercana- que usted puede ver dos cosas a la par, lo cual es una ventaja para usted, pero, al mismo tiempo, entre sus dos miradas al mundo puede colarse todo un caso policíaco sin resolver…
- Me halaga, señorita Andrósovich.
-Si, exactamente. Pero no he venido para eso. Estoy aquí porque olvidé decir en el juicio que eso es justamente lo que le pasó a usted. Entre sus dos miradas al mundo, usted omitió algo de primordial importancia para el caso de Lempitska y cía.
- ¿…?
- ¿No sabe qué? Existe en este juego que todos jugamos, tanto los vivos como los muertos, desde mi hermana Lempitska y cía., hasta usted señor inspector superior, alguien que no fue visto ni mencionado en alguna parte, y que sin embargo tiene todos los hilos en sus manos. Alguien que ideó todo este embrollo. ¿Sabe quién es?
- ¿…?
- Yo se lo diré. Es alguien que sabe lo que usted escribe en secreto en su cuaderno azul y cuando quiera puede leer cualquier renglón de él. Tal vez lo esta haciendo ¡en este mismo momento! Yo sé que usted me metió a mí también en ese cuadernito suyo, pero ése puede meternos a usted y a mí, con su cuaderno y todo, en su bolsillo y olvidarnos ahí para siempre.
Y la señorita Andrósovich cogió con asco entre dos dedos el cuaderno azul en el que ahora estoy anotando estas palabras y lo sacudió frente a mi cara. Después sacó de su pequeño bolso un frasquito y con el rociador aromatizó las tres almohadas con estas palabras:
-Ven, corazón, voy a despedazarte tu cama de soltero.
-¿Alguien le ha comentado que sus picaportes desgarran las mangas y que su ojo izquierdo se rezaga con respecto al derecho? Eso significa, querido señor inspector superior -agregó la visitante arrellanándose en la poltrona más cercana- que usted puede ver dos cosas a la par, lo cual es una ventaja para usted, pero, al mismo tiempo, entre sus dos miradas al mundo puede colarse todo un caso policíaco sin resolver…
- Me halaga, señorita Andrósovich.
-Si, exactamente. Pero no he venido para eso. Estoy aquí porque olvidé decir en el juicio que eso es justamente lo que le pasó a usted. Entre sus dos miradas al mundo, usted omitió algo de primordial importancia para el caso de Lempitska y cía.
- ¿…?
- ¿No sabe qué? Existe en este juego que todos jugamos, tanto los vivos como los muertos, desde mi hermana Lempitska y cía., hasta usted señor inspector superior, alguien que no fue visto ni mencionado en alguna parte, y que sin embargo tiene todos los hilos en sus manos. Alguien que ideó todo este embrollo. ¿Sabe quién es?
- ¿…?
- Yo se lo diré. Es alguien que sabe lo que usted escribe en secreto en su cuaderno azul y cuando quiera puede leer cualquier renglón de él. Tal vez lo esta haciendo ¡en este mismo momento! Yo sé que usted me metió a mí también en ese cuadernito suyo, pero ése puede meternos a usted y a mí, con su cuaderno y todo, en su bolsillo y olvidarnos ahí para siempre.
Y la señorita Andrósovich cogió con asco entre dos dedos el cuaderno azul en el que ahora estoy anotando estas palabras y lo sacudió frente a mi cara. Después sacó de su pequeño bolso un frasquito y con el rociador aromatizó las tres almohadas con estas palabras:
-Ven, corazón, voy a despedazarte tu cama de soltero.
— 72 | Cuaderno Azul - Pieza Única | Milorad Pavic | Ed. Sexto Piso